3 ago 2011

Bruselas, una plaza

Ciudad en que la lluvia nos acompañaba y nos dejaba, como sin mostrar interés, al compás de la propia urbe. Donde la preciosa plaza se hace insuficiente para embellecer toda la metrópoli. Donde comprar un gofre con tantos ingredientes que se hace difícil el comerlo, o incluso decidir entre nata, fresas, chocolate y el propio gofre. Con su pequeña y famosa fuente que todos van a ver y a muchos decepciona. Sus callejuelas de restaurantes para turistas en los que te intentan atrapar en todos los idiomas. Donde puedes comprar seis tipos de cerveza y aún tener dificultades para elegir, y que después todas sean superiores al nivel español. Con ejecutivos comiendo sentados en la plaza donde estrenar nuevos chubasqueros. Con Tintín de reclamo, pero siendo una nimiedad al lado del chocolate. Chocolate en bombones, en tabletas, en virutas, en monedas o en cualquier forma imaginable, negro o blanco, sin azúcar o lujoso.











Aquí pasamos unos buenos días, lluviosos pero entretenidos. Desde Bruselas aprovechamos para visitar la siempre recomendada Gante, puesto que Bruselas, quizá, es demasiado ciudad, y no tan "bonito" como puede ser Brujas, o el citado Gante. Tuvimos un hotel de lujo que nos sorprendió pudiésemos haber pagado. Bebimos zumos muy ricos y comimos más fries. Visitamos iglesias, busqué vinilos y libros sin éxito, nos perdimos por zonas no tan turísticas, y, por supuesto, fuimos felices.

Bruselas, una plaza. Puede que sea injusto, pero puede que sea cierto. De cualquier manera fue un placer estar allí, y como digo, felices.

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