7.30 de la mañana. Mama Cass suena en el teléfono, como si despertases en el bunker de la isla de Perdidos, pero con otra canción del repertorio.
Un rato más tarde, enfundado en una camisa-abrigo, con las Aviator, y con Sad Lisa de Cat Stevens como banda sonora, bajo del tranvía número 33 y me dirijo hacia clase.
El profesor habla de entropía, y me cuesta un rato recordar que algo de eso di en mi amada asignatura de Ciencias de la Tierra. Cuando la clase acaba, saludo a un amigo camerunés de la residencia que llega a otra clase, y me encamino, nuevamente, a otra clase que tengo en otro edificio.
Esta vez, aunque las Aviator siguen desafiando al sol, la banda sonora la pone Springsteen y Streets of Philadelphia. La siguiente clase es mucho más interesante de contenido, pero el profesor, y el sol mordiendo en la nuca, crean un efecto adormecedor. Aquí conozco a un italiano de la residencia, ¡por fin! Quizá pueda ir preguntándole cosas.
Mi jornada lectiva acaba, mientras los italianos comienzan a comprar panini para hacer su pranzo, pero yo prefiero hacerme uno casero con pollo, tomate, queso, mayonesa, y un poquito de curry. Algo de comida internacional se me tenía que pegar. A nuestro lado (de tres españoles que hemos coincidido) comen dos israelíes. Uno dice, casi indignado, a los dos estudiantes de diseño que se van a perder la semana más importante de Milano para ellos, que vienen estudiantes de diseño de todo el mundo. Parece ser que es sobre Semana Santa. Al final nos piden que les contestemos en español, que antes sabía uno y se le ha olvidado.
Para cuando termino de comer ya casi es la hora de ir a la lezione d'italiano. Me da tiempo de dormir una minisiesta, con la ventana abierta. Pero en seguida estoy de nuevo por el barrio universitario. La clase me resulta "fácil", al menos de momento, y otra chica y yo pedimos lo de cambiarnos. Sé que de gramática me queda mucho que aprender, pero la verdad es que mi nivel es más alto que casi todos los de clase. No es por ser chulito, pero llevando varios meses aquí, y comparando con recién llegados o ghaneses es fácil... Ya veremos en qué queda, no me preocupa hacer una cosa o la otra.
Vuelvo por fin a la residencia, ya sin las gafas de sol, puesto que la noche ha tomado Milano. Me pongo mi ropa de correr, cojo mi iPod, y salgo a la carrera. Cinco rápidos kilómetros, por lugares muy conocidos que me parece ver por primera vez. Todo ha cambiado. Un coche me pita, quizá dando ánimos, quizá tratando de reírse. Le oigo pero no le escucho, voy a ritmo de Strokes, Frightened Rabbit, Eminem o Vetusta Morla.
Al llegar me encuentro a mi buddy escocés. Cenamos pasta, hablamos de todo, me cuenta y le cuento, se ríe, pasamos el rato. La pasta riquísima, con una mezcla de salsas con carne picada, beicon, orégano, pepe nero... Entra en la cocina mi compañero de habitación, llega de nadar. Por lo que veo ha convencido a unos cuantos. Nos vamos.
Escucho Howling Bells, soy feliz. Leo cosas de la Real, me enfado con el entrenador. Me entero de cosas de mis amigos, me inquieto, me da pena. Mando un mensaje por el móvil, veo Chuck, pienso "estaba claro", me tomo unas Pan di Stelle. Me pongo Sigur Rós mientras escribo el blog. Milano, qué bonito año.
Esta es mi entrada número 100 de Jack en Milán. Seguramente no podría ser mejor. Intentaré seguir disfrutando de todo esto. ¡Va por Mac!
Ciao ragazzi, ci vediamo domani...
21 mar 2011
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3 comentarios:
¿Sol? ¿En Milán? ¿A quién pretendes engañar?
Y no tendrías que haber contado lo del curry. Ahora no te libras de ir a tailandeses e indios cuando vuelvas...
Está claro, todo el mundo sabe que los ghaneses no saben hablar italiano...
Only curry in my panino of chicken... :D
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