19 dic 2010

Una semana maravillosa (Parte IV)

El tercer día lo dedicamos básicamente a pasear tranquilamente mientras hacíamos las típicas compras. Como ya habíamos visto todo, no teníamos obligación de hacer nada en concreto. Los regateos de los regateadores se sucedían, y los precios variaban de puesto a puesto, como retándonos a buscar la mejor oferta. Mientras unos y otros comprábamos los típicos souvenires, el frío congelaba de nuevo a los débiles, y al poco tiempo Mac debería abandonarnos. Así que la mañana la pasamos por la zona vieja de Praga, y llegó el momento de dejar a Mac a en la antesala del metro, asustado como un perrillo. Tras abrazarle (unos con mejor estilo que otros), le perdimos de vista con la esperanza de que consiguiese llegar al aeropuerto. Para ser sincero yo creía que no llegaba, pero al final, pese a que Wizzair lo intentó con ahínco, llegó a casa.

Por la tarde fuimos a comprar ciertas cosas, lejos del hotel, por culpa no sé de quién. Pero como la gente seguía teniendo frío, recurrimos a tácticas de mendigo para calentarnos. Funcionó, y pudimos regatear mucho mejor, incluso la gente hablaba español. Después fuimos a una luminosa taberna medieval donde pudimos comer tarta medieval y departir amablemente con el camarero. Más tarde volvimos ya hacia el hotel, aunque alguno se empeñó en dejar su huella en el puente, para bochorno de alguno de los presentes, cumpliendo así su palabra.

Cuando llegamos al hotel, yo me volví a ir para hacer una última cosilla, y pude disfrutar fugazmente de la soledad en Praga. Me despedí del reloj astronómico y de esa preciosa plaza, y volví con mis compañeros. A las tres aproximadamente estaría en pie para coger un autobús checo con un conductor checo para que me llevase al aeropuerto checo. Como siempre tuve "suerte" y ningún problema con la maleta ni con los retrasos. Y llegué a Milán, que ahora supongo que puedo llamar mi casa, y me di cuenta de que tenía que volver a la realidad después de todas las nuevas experiencias. Y, claro está, me dio un poco de pena.


PD: Gracias al anfitrión por todo aunque se inventase todo y no hablase nada de checo. Gracias a Mac por las fotos aunque él no salga nunca, por ser tan nenaza, y por la canción. Gracias a la ragazza por disimular como que soy su amigo y por hacer de mamá con los no tan niños. Y muchas gracias por el regalo ;)

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